Intolerancia en nombre de la fe: cuando el juicio apaga la compasión + (Entrevista)

Intolerancia en nombre de la fe: cuando el juicio apaga la compasión + (Entrevista)

El 10 de enero, Colombia quedó conmocionada por la muerte de Yeison Jiménez, reconocido cantante de música popular, muy querido en todo el país, hecho que despertó sentidas expresiones de cariño y condolencias. El artista colombiano falleció junto a su mánager, su fotógrafo personal y otras personas, luego de que la avioneta en la que viajaban se accidentara cerca del municipio de Paipa, en el departamento de Boyacá. La aeronave, que tenía como destino la ciudad de Medellín, terminó siniestrándose en la vereda Romita, ubicada sobre la vía entre Paipa y Duitama, cuando intentaba despegar.

Tras el suceso, el cantante recibió numerosos homenajes y palabras de reconocimiento y sentido pésame provenientes de todos los sectores de la vida pública y privada del país. Políticos, artistas, empresarios, medios de comunicación, fundaciones, ONG, académicos y líderes religiosos expresaron su pesar ante tan sentida pérdida.

Entre las personalidades internacionales que se pronunciaron ante el suceso estuvo el conferencista internacional argentino Dante Gebel. En su cuenta de Facebook, Gebel escribió: “Yo lo conocía, estuvimos juntos; y me habló de lo mucho que amaba a Dios, de su conversión desde niño, y de que anhelaba dejar la música popular para un día poder cantarle a Dios”.

Y es que Yeison Jiménez, en reiteradas ocasiones, tanto en público como en privado, no ocultó su amor por el Señor ni el deseo que tenía de dar un giro a su vida en favor del Salvador. En su mensaje, Gebel añadió: “¡Yeison, seguro ya estarás cantando para Él!”, lo anterior partiendo de su respetable postura frente a lo que sucede con el ser humano al momento de su muerte, una creencia ampliamente extendida, incluso en el mundo cristiano según la cual las personas al morir van al cielo. Gebel es fundador y pastor principal de River Church Arena, iglesia ubicada en California, Estados Unidos.

De inmediato la publicación de Dante Gebel generó una avalancha de miles de comentarios de todo tipo, muchos de los cuales él mismo calificó como provenientes del “serpentario evangélico en redes”.

Vivimos en una época paradójica: nunca antes la humanidad había contado con tantas herramientas para comunicarse, dialogar y comprenderse, y sin embargo, nunca había sido tan evidente la dificultad para aceptar las posturas de los demás. Hoy, pensar distinto no solo genera desacuerdo; con frecuencia provoca rechazo, descalificación e incluso odio.

“Estoy convencido de que más daño se le hace a la fe de Cristo cuando hijos de Dios manifiestan, de manera tan árida y violenta, una reacción frente a un concepto distinto al que ellos sostienen”, afirmó el pastor David Manrique, líder adventista en la ciudad de Toronto (Canadá), al ser consultado por Roberto Sánchez para el programa La Fuente.

Un elemento preocupante y recurrente en estos tiempos es la pérdida del valor del respeto. Se ha instalado la idea de que tolerar una opinión distinta equivale a aprobarla, y que disentir es sinónimo de agredir. Esta confusión ha erosionado uno de los pilares de la convivencia: la posibilidad de vivir en la diferencia. Una sociedad madura entiende que el respeto no exige uniformidad, sino humanidad.

“Son tiempos en los que una simple palabra, interpretada de manera distinta en otro círculo —sea étnico, religioso o social—, puede generar conflictos que terminan en ofensas graves y ataques personales”, agregó Manrique.

Otro componente no menos importante de la actualidad son las redes sociales, que lejos de fomentar el diálogo, suelen reforzar posturas extremas. Los algoritmos nos encierran en burbujas ideológicas donde solo escuchamos aquello que confirma lo que ya creemos o validamos. Así, perdemos la capacidad de escuchar al otro y aprendemos a reaccionar con rapidez, pero sin profundidad. El desacuerdo se convierte en un ataque personal y la discusión, en un campo de batalla, incluso podemos ver como los gritos van y vienen.

Vivimos apresurados, opinando sin pensar, juzgando sin escuchar y condenando sin comprender. La intolerancia, en muchos casos, no es más que pereza intelectual y emocional: resulta más fácil descalificar que dialogar, más cómodo atacar que reflexionar.

Desde una perspectiva ética y espiritual, el problema es aún más profundo. La intolerancia revela un déficit de empatía, humildad y amor al prójimo al punto de que ante una genuina expresión de dolor por la pérdida de un amigo, unida a un deseo sincero de esperanza, entre los comentarios dirigidos a Dante Gebel se leyeron expresiones como: “¿Cómo te atreves a decir que está en el cielo, cuando todos sabemos que arde en el infierno?”; “Murió cantándole al mundo, así que se fue sin salvación”; “Yeison y tú solo se van a encontrar en el infierno con vuestro padre el diablo”; otro decía “Dante, deja de confundir a la gente, Yeison está con el diablo”.

Extracto de la entrevista con el Pr. David Manrique:

“Lo único que puede transformar un alma, convertirla y darle sentido, es la presencia de Dios en el corazón a través del Espíritu Santo”, afirmó el pastor David Manrique, quien además acotó que cuando se descubre que Dios es amor, la relación con los demás cambia, incluso cuando se cree tener la razón o la verdad.


“Todos necesitamos del amor de Dios: Yeison necesitaba de Dios, Dante Gebel necesita de Dios y quienes criticaron duramente su postura también necesitan de Dios”, aseveró Manrique.

La Biblia es clara: “El alma que pecare, esa morirá” (Ezequiel 18:20); “Porque los que viven saben que han de morir; pero los muertos nada saben, ni tienen más paga, porque su memoria es puesta en olvido” (Eclesiastés 9:5); y “Todo lo que te viniere a la mano para hacer, hazlo con todas tus fuerzas; porque en el Seol, adonde tú vas, no hay obra, ni industria, ni ciencia, ni sabiduría” (Eclesiastés 9:10).

Sin embargo, el tema sobre lo que sucede con el ser humano después de la muerte no es el punto central de esta reflexión. Eso lo dejamos para otra ocasión.

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