La Iglesia Adventista del Séptimo Día es una organización mundial con presencia en más de 200 países. Actualmente cuenta con más de 23 millones de miembros, quienes se congregan en poco más de 151.000 templos alrededor del planeta. Podrían ser muchos más; sin embargo, la realidad también indica que, en las últimas décadas, cientos de miles han abandonado sus filas.
Esta situación genera una legítima preocupación en los altos liderazgos de la Iglesia, quienes de manera responsable asumen el desafío de atender a cada miembro a través de sus redes pastorales distritales. Pero no solo eso: también se diseñan planes, programas y proyectos orientados a sumar esfuerzos para la retención y consolidación espiritual de la membresía.
El pasado sábado 24 de enero quedó marcado en el calendario de la planificación estratégica en los nueve campos que forman la Unión Colombiana del Sur como un día especial de oración y ayuno. Esta jornada buscó, entre otras cosas, que los cerca de 125.000 miembros de esta importante área se unieran para rogar a Dios la presencia del Espíritu Santo y la bendición del cielo, a fin de enfrentar los desafíos de los planes evangelísticos para el año 2026, enmarcados en la iniciativa “Viviendo la Misión 7-70”.
PROYECTO “MANÁ”
En la Asociación Central, esta actividad sirvió además como escenario para el lanzamiento del proyecto “MANA”, una iniciativa que surge como respuesta espiritual urgente ante la necesidad de reavivar la comunión diaria con Dios en las iglesias de la ASOCENTRAL. El proyecto emula una práctica espiritual del pasado, cuando Dios alimentaba directamente a su pueblo durante su peregrinación por el desierto:
“Y lo recogían cada mañana, cada uno según lo que había de comer; y cuando el sol calentaba, se derretía” (Éxodo 16:21).
“Durante los últimos años se ha evidenciado una disminución en la participación activa en la Escuela Sabática, así como una pérdida del hábito de estudiar la Biblia y la Guía diaria de estudio (Folleto de Escuela Sabática) de manera sistemática”, afirma el Pr. Andrey Aguirre, director de Evangelismo de la Iglesia Adventista del Séptimo Día en la Asociación Central.
Con el propósito de revertir esta preocupante tendencia —que, entre otras consecuencias, ha llevado a miles de miembros a abandonar las filas de la Iglesia—, el Pr. Aguirre se propone fomentar en cada miembro el hábito diario y temprano del estudio de la Palabra de Dios, práctica fundamental para todo seguidor de Jesús. Para ello, se utilizará el folleto de la Escuela Sabática (en todas las edades) como herramienta central, con el fin de revitalizar la vida espiritual, incrementar la participación activa en la Escuela Sabática y fortalecer el discipulado integral en las iglesias de la Asociación Central de Colombia.
El programa contempla tres fases: lanzamiento, consolidación y multiplicación. En la primera se busca sensibilizar y motivar; en la segunda, formar hábitos y fortalecer la práctica espiritual; y en la tercera, expandir, testificar y multiplicar la experiencia. Cada director del Departamento de Escuela Sabática de la iglesia local tiene la responsabilidad de detallar el plan, explicarlo a los miembros y evaluar su correcta aplicación.
El 24 de enero sirvió para miembros de iglesia se concentrarán el marco del día de ayuno y oración en los templos y en algunos casos la reunión se extendió toda la noche del sábado mediante programas de vigilias como el caso de la iglesia adventista en Quinchía-Risaralda.

LA RESPONSABILIDAD PERSONAL
En los últimos años, la Iglesia Adventista del Séptimo Día ha desarrollado diversos planes y proyectos con el objetivo de reavivar y despertar en cada miembro el deseo de una fe ferviente y activa. No obstante, es importante reconocer una realidad tan antigua como el cristianismo mismo y profundamente vigente: la existencia de “cristianos que no se comprometen con Cristo”. Esta no es solo una contradicción aparente, sino un síntoma espiritual, cultural y humano.
El apóstol Pablo lo expresa claramente:
“Así que, hermanos, os ruego por las misericordias de Dios, que presentéis vuestros cuerpos en sacrificio vivo, santo, agradable a Dios, que es vuestro culto racional” (Romanos 12:1).
Al respecto, el Comentario Bíblico Adventista, tomo 6, explica que el apóstol exhorta a los cristianos a consagrar su cuerpo a Dios y, posteriormente, a presentar también sus facultades intelectuales y espirituales. La verdadera santificación es la consagración de todo el ser —espíritu, alma y cuerpo—, el desarrollo armonioso de las facultades físicas, mentales y espirituales, hasta que la imagen de Dios, en la cual fue creado el hombre, sea plenamente restaurada.
Un seguidor responsable de Jesús sabe que debe dedicar tiempo al estudio de la Biblia, la oración y la testificación. La Escritura afirma que somos salvos por la bendita gracia de Dios, manifestada de forma clara e inequívoca en la cruz del Calvario; pero no es menos cierto que el ser humano, como individuo, tiene una parte importante que desempeñar.
Son muchos los factores que afectan al miembro de iglesia a la hora de mantenerse fiel a Cristo, pero entre las variables más claras se encuentra el descuido personal de una vida de comunión con el Señor. Sin oración, sin Palabra y sin una comunidad espiritual sana, la fe se enfría. Nadie abandona a Cristo de un día para otro: primero se abandona el altar, luego el camino y en este proceso, cada individuo tiene una gran responsabilidad.
El proyecto MANÁ busca revertir este estado de cosas que ha venido afectando a la membresía adventista en los últimos años.
Las promesas del Señor son claras y fieles:
“El que comenzó en vosotros la buena obra, la perfeccionará” (Filipenses 1:6).
El evangelista Mateo afirma que Dios no nos abandonará, sino que estará con sus seguidores hasta el fin del mundo. Asimismo, el Señor Jesucristo prometió su compañía y la del Espíritu Santo para fortalecernos cada día, recordándonos el llamado de amar a Dios con todo el corazón, el alma y la mente, y a negarnos a nosotros mismos, tomar la cruz cada día y seguirle (Lucas 9:23).
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