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Representación de eventos proféticos.
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Más que una bestia y una marca: por qué Apocalipsis 13 es esencial para entender al adventismo

Apocalipsis 13 ocupa un lugar fundamental dentro de la teología adventista. Sus símbolos, relacionados con Daniel y Apocalipsis 14, construyen el escenario de un conflicto final sobre autoridad, adoración y libertad de conciencia. Comprenderlo no debería alimentar el miedo ni teorías conspirativas, sino ayudar al creyente a entender su identidad profética y prepararse para permanecer fiel a Cristo.

Roberto Sánchez30 de agosto de 202611 min de lectura10 lecturasEsperanza Radio Eje Cafetero

Durante generaciones, los adventistas del séptimo día han escuchado hablar de Apocalipsis 13. La bestia que emerge del mar, la bestia que surge de la tierra, la herida mortal, la imagen de la bestia, la marca y el número 666 forman parte del lenguaje profético que ha acompañado la predicación adventista desde sus primeros años.

Sin embargo, Apocalipsis 13 no debería reducirse a una lista de símbolos que aprendemos a identificar. Su importancia dentro de la teología adventista es mucho mayor. Ya decía el prolífico autor, y quien fuera director de la revista “Signs of the Times” durante 27 años, Marvin More en su obra “Será que Podría Pasar”, que apocalipsis 13 “define la interpretación adventista de las profecías”.

El capítulo constituye una pieza fundamental para comprender la interpretación adventista del conflicto final, la adoración, la libertad de conciencia, el papel de las potencias religiosas y políticas y, especialmente, la misión que la Iglesia entiende haber recibido para el tiempo del fin.

Es necesaria la historia, método que la iglesia utiliza para entender los eventos proféticos, para comprenderlo. También es necesario leer Apocalipsis 13 dentro de un conjunto profético más amplio: Daniel y Apocalipsis.

Una profecía que no comienza en Apocalipsis 13

La interpretación adventista tradicional no estudia Apocalipsis 13 de manera aislada. Sus símbolos encuentran antecedentes en Daniel.

La primera bestia de Apocalipsis 13 reúne características de animales que aparecen en Daniel 7: leopardo, oso y león. Para la interpretación historicista adventista, esto no es casualidad. Juan está retomando el lenguaje profético de Daniel para mostrar la continuidad de los poderes que se levantan en oposición a Dios en la tierra.

Daniel 7 presenta una secuencia de reinos y posteriormente concentra la atención en un poder que habla contra el Altísimo, persigue a los santos y pretende cambiar los tiempos y la ley.

Apocalipsis retoma esa imagen y la coloca dentro del escenario del conflicto final.

Por eso, para el adventista, Apocalipsis 13 no es una profecía desconectada de la historia. Es parte de una narrativa profética que comienza mucho antes.

Infografía creada con IA

La primera bestia y el poder papal

La interpretación adventista identifica tradicionalmente a la primera bestia de Apocalipsis 13 con el sistema papal, entendido no simplemente como las personas que pertenecen a la Iglesia Católica, sino como un poder religioso que, en determinados períodos históricos, ejerció autoridad espiritual y política.

Esta distinción es importante.

La profecía no autoriza a convertir a los cerca de mil quinientos millones de creyentes católicos en enemigos personales. El objeto de la profecía es un sistema de poder y autoridad, no la condenación individual de quienes pertenecen a una determinada confesión religiosa.

La bestia recibe autoridad del dragón, (satanás) persigue a los santos y ejerce influencia sobre pueblos y naciones. Su poder es presentado como una falsificación de la autoridad divina.

La conexión con Daniel 7 resulta fundamental: allí aparece un poder que intenta alterar aspectos relacionados con la ley de Dios y que ejerce autoridad durante un período profético.

Apocalipsis 13 utiliza la expresión de 42 meses. Aplicando el principio profético día-año, utilizado tradicionalmente por el adventismo, basado en números 14:34 y Ezequiel 4:6 el r resultado equivale a 1.260 años.

La interpretación historicista adventista sitúa este período aproximadamente entre 538 y 1798.

El año 1798 adquiere especial importancia por la captura del papa Pío VI al mando del general Alexandre Berthier por las fuerzas francesas al mando de Napoleón Bonaparte. Para la interpretación adventista, este acontecimiento representa la denominada herida mortal de Apocalipsis 13:3.

Pero la profecía no termina allí.

Dice que:

“su herida mortal fue sanada”. Apocalipsis 13:3

Y es precisamente este elemento el que proyecta la profecía hacia el futuro.

La herida mortal y su recuperación

Si la herida de la primera bestia representa una pérdida histórica de poder, su recuperación apunta a una restauración de influencia.

Para la interpretación adventista, esto significa que el poder papal volvería a desempeñar un papel significativo en los acontecimientos finales.

La profecía, por tanto, no debe leerse solamente retrospectivamente. Tiene una dimensión histórica, pero también escatológica. El pasado ayuda a identificar el poder; el futuro mostrará la culminación de su influencia.

La segunda bestia: un poder que parece cordero

Apocalipsis 13 introduce después otra bestia:

“Después vi otra bestia que subía de la tierra; y tenía dos cuernos semejantes a los de un cordero, pero hablaba como dragón”. Apocalipsis 13:11

La interpretación adventista tradicional identifica esta segunda bestia con Estados Unidos de América.

¿Por qué?

La primera bestia surge del mar, mientras la segunda aparece desde la tierra. En el lenguaje profético, el mar representa pueblos, multitudes y naciones. La tierra ha sido interpretada, por contraste, como un territorio con una población relativamente escasa en el momento de su surgimiento.

Además, la segunda bestia tiene apariencia de cordero.

En la lectura adventista histórica, esto representa los principios de libertad civil y religiosa que caracterizaron el surgimiento de Estados Unidos. Pero el símbolo contiene una advertencia:

“hablaba como dragón”.

El problema no estaría en su apariencia inicial, sino en el uso posterior de su poder.

La profecía describe entonces un cambio extraordinario: un poder que originalmente aparece asociado con la libertad termina utilizando su autoridad para imponer una determinada forma de adoración.

Aquí aparece uno de los grandes temas adventistas: la libertad de conciencia

Apocalipsis 13 tiene una relación profunda con la defensa adventista de la libertad religiosa.

El conflicto final no es presentado únicamente como una disputa entre instituciones religiosas. Es una confrontación acerca de la conciencia humana.

La profecía describe un momento en el que se ejercerá presión sobre quienes no acepten determinada forma de adoración.

Por eso la libertad religiosa no es para el adventismo simplemente un asunto político o institucional.

Tiene una dimensión profética.

Defender la libertad de conciencia significa reconocer que la relación entre una persona y Dios no puede ser impuesta legítimamente por el Estado.

Cabe recordar que a finales del siglo XIX (en 1889), líderes adventistas ayudaron a establecer la Asociación Nacional de Libertad Religiosa en Estados Unidos, que evolucionó en 1893 hasta convertirse en la Asociación Internacional de Libertad Religiosa (IRLA), una de las entidades globales más antiguas dedicadas a este derecho y que todavía sigue siendo apoyado por los adventistas del séptimo día.

 La imagen de la bestia

Apocalipsis 13:14 habla de la formación de una imagen de la bestia.

En la interpretación adventista, esta imagen no debe entenderse necesariamente como una representación física.

La expresión representa un sistema que reproduce las características del antiguo poder: una unión entre autoridad religiosa y poder civil para imponer prácticas religiosas.

Esta interpretación conecta nuevamente Apocalipsis 13 con la historia. El problema no sería que una sociedad tenga valores religiosos.

El problema surgiría cuando el poder civil utilice la autoridad del Estado para imponer una determinada práctica religiosa a la conciencia de las personas como ya ocurrió en el pasado.

Aquí se encuentra una de las preocupaciones históricas más fuertes del adventismo: la separación entre Iglesia y Estado como garantía de libertad de conciencia.

La marca de la bestia: mucho más que un símbolo tecnológico

Pocas expresiones de Apocalipsis 13 han sido objeto de tantas especulaciones como la “marca de la bestia”.

A lo largo de los años se ha relacionado con códigos de barras, documentos de identidad, microchips, vacunas, sistemas digitales o diversas tecnologías. Pero esa aproximación pierde el centro del argumento bíblico.

Para la interpretación adventista, la marca de la bestia está relacionada fundamentalmente con adoración y autoridad.

Mientras Apocalipsis 13 presenta la adoración a la bestia y su imagen, Apocalipsis 14 presenta el llamado:

“Adorad a aquel que hizo el cielo y la tierra, el mar y las fuentes de las aguas”.

La controversia gira, entonces, alrededor de la autoridad del Creador.

¿Por qué aparece el sábado en esta interpretación?

Aquí llegamos a uno de los puntos más distintivos de la escatología adventista. El sábado aparece en la Biblia como memorial de la creación y señal de la relación entre Dios y su pueblo.

Éxodo 20:11 declara:

“Porque en seis días hizo Jehová los cielos y la tierra, el mar, y todas las cosas que en ellos hay”.

Apocalipsis 14:7 utiliza un lenguaje extraordinariamente parecido:

“Adorad a aquel que hizo el cielo y la tierra, el mar y las fuentes de las aguas”.

Para el adventismo, esta conexión no es accidental.

El conflicto final de Apocalipsis 13 y 14 tiene como uno de sus elementos centrales la adoración al Creador.

Desde esta perspectiva, el sábado adquiere una dimensión escatológica. La Iglesia Adventista enseña tradicionalmente que el domingo fue introducido progresivamente como día de culto cristiano en sustitución del sábado bíblico y que, en el escenario final descrito por Apocalipsis, llegará un momento en que la observancia dominical será impuesta mediante autoridad civil, algo que resulta incoherente para la mayoría de los cristianos protestantes.

Pero hay que hacer una precisión fundamental.

La Iglesia Adventista no enseña que toda persona que actualmente adora en domingo tenga la marca de la bestia.

La marca, en su sentido escatológico, se relaciona con una decisión consciente frente a una crisis final de adoración y autoridad.

¿Y qué representa el sello de Dios?

El concepto adquiere mayor profundidad cuando se presenta el contraste.

Apocalipsis 13 habla de la marca de la bestia. Apocalipsis 14 presenta a quienes permanecen fieles a Dios.

Y Apocalipsis 7 habla del sello de Dios. Para la teología adventista, existe una confrontación entre dos lealtades.

No se trata simplemente de dos días. Se trata de dos autoridades y la pregunta esencial es:

¿Reconocerá el ser humano la autoridad de Dios por encima de cualquier poder humano?

Por eso el sábado es entendido como mucho más que una práctica denominacional. Es presentado como un memorial de la creación, una señal de la autoridad de Dios y, en el contexto escatológico adventista, un elemento de la crisis final de adoración.

El misterioso 666

Apocalipsis 13:18 introduce otro elemento:

“Aquí hay sabiduría. El que tiene entendimiento, cuente el número de la bestia, pues es número de hombre. Y su número es seiscientos sesenta y seis”.

La interpretación adventista tradicional ha relacionado el 666 con el sistema de autoridad representado por la primera bestia y, particularmente, con el título latino Vicarius Filii Dei, mediante una interpretación numérica de sus letras.

Sin embargo, reducir la identificación de la bestia al 666 sería insuficiente.

La profecía ofrece múltiples características: su origen, autoridad, duración, blasfemias, persecución, herida mortal, recuperación, relación con otros poderes y papel en el conflicto final. Para el adventismo el 666 forma parte del conjunto.

Apocalipsis 13 no termina hablando de la bestia

Este es quizá el punto que más necesitamos recordar. Cuando se estudia Apocalipsis 13 únicamente para identificar al enemigo, se pierde el propósito de la profecía.

El capítulo prepara el escenario para Apocalipsis 14. Y allí aparece un pueblo descrito con estas palabras:

“Aquí está la paciencia de los santos, los que guardan los mandamientos de Dios y la fe de Jesús”.

La profecía no termina diciendo: “Aquí está la habilidad de los que identificaron correctamente a la bestia”.

Dice:

“Aquí está la paciencia de los santos”.

La meta de la profecía no es producir miedo, sino fidelidad, no es formar expertos en conspiraciones, sino discípulos de Cristo. No es enseñar a sospechar de todo poder político o religioso, sino preparar al creyente para permanecer firme cuando la conciencia sea puesta a prueba.

¿Por qué debería seguir importándonos Apocalipsis 13?

Porque el mundo ha cambiado. Las sociedades son diferentes. La tecnología es diferente. La política es diferente. Las relaciones entre religión y Estado son diferentes.

Pero las preguntas de fondo permanecen:

¿Quién tiene autoridad sobre nuestra conciencia?

¿Puede el poder político imponer una práctica religiosa?

¿Hasta dónde puede llegar la alianza entre religión y Estado?

¿Qué ocurre cuando la mayoría considera normal algo que entra en conflicto con la conciencia?

Y finalmente: ¿Estamos preparados para ser fieles a Cristo cuando hacerlo tenga un costo?

Estas preguntas hacen que Apocalipsis 13 continúe siendo relevante.

Pero existe también un peligro.

El adventismo corre el riesgo de convertir la profecía en una colección de titulares sobre acontecimientos mundiales, de hecho siempre ha existido esa tentación: “esto es la marca”, “esto es la imagen”, “este político es la bestia”, “esta tecnología es el cumplimiento”.

La profecía, sin embargo, apunta a algo más profundo.

El centro no es la bestia. Es Cristo.

Apocalipsis 13 debe ser leído desde la perspectiva del gran conflicto.

El dragón actúa.

Las bestias reciben autoridad.

Los poderes humanos intentan controlar.

La conciencia es presionada.

La adoración es disputada.

Pero la historia no termina en Apocalipsis 13.

Termina con Cristo.

Por eso, para un adventista, estudiar Apocalipsis 13 debería llevar inevitablemente a estudiar Apocalipsis 14, porque allí aparece el llamado de Dios para el tiempo final.

Y debería llevar todavía más lejos: a Apocalipsis 19, donde Cristo aparece como Rey victorioso; y finalmente a Apocalipsis 21 y 22, donde el conflicto termina y Dios hace nuevas todas las cosas.

Así entendido, Apocalipsis 13 no es un capítulo destinado a alimentar el temor del creyente. Es una advertencia para fortalecer su fidelidad. No fue escrito para que el cristiano viva obsesionado con descubrir quién es la bestia fue escrito para que, cuando llegue el momento decisivo, sepa a quién pertenece.

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