Volver a Noticias
Imagen generada con IA
Comunidad· Eje Cafetero

Cuando la tragedia golpea: ¿es una señal de Dios o el clamor de un mundo herido?

Terremotos, incendios, inundaciones y deslizamientos vuelven a estremecer al planeta. La ciencia explica sus causas; la Biblia habla de un mundo afectado por el pecado y anuncia que la historia humana llegará a un desenlace. Pero, y qué hacemos nosotros con la esperanza que Él ofrece.

Roberto Sánchez27 de agosto de 20265 min de lectura20 lecturasEsperanza Radio Eje Cafetero

Terremotos, incendios forestales, inundaciones y deslizamientos vuelven a ocupar los titulares. Para unos, son parte de la dinámica natural del planeta. Para otros, son señales anunciadas por la Biblia. Entre ambas miradas queda una pregunta más profunda: ¿Qué está pasando con nuestro mundo y dónde está Dios en medio de todo esto?

El 26 de agosto de 2026, una enorme avalancha de hielo y roca desencadenó una inundación repentina en la frontera entre Nepal y el Tíbet.

El agua descendió violentamente por los valles, arrastrando viviendas, carreteras, puentes y vehículos. Los reportes iniciales hablaban de decenas de muertos. Horas después, la cifra había aumentado hasta superar los 150 fallecidos, mientras cientos de personas permanecían desaparecidas.

Las investigaciones apuntan al colapso de un glaciar como detonante del desastre. Expertos han señalado, además, que el calentamiento de la región está acelerando el derretimiento de los glaciares y puede aumentar la vulnerabilidad de estas zonas.

Pero Nepal no es un hecho aislado. Durante este mismo periodo, los incendios forestales han vuelto a castigar diferentes regiones del planeta.

En Europa, al 25 de agosto, se habían registrado más de 627.000 hectáreas quemadas y 1.822 incendios detectados durante 2026. Francia, Grecia, Italia, Portugal y España han enfrentado una temporada especialmente activa.

NASA, por su parte, mantiene activaciones de seguimiento por incendios forestales en Serbia y Kazajistán durante agosto, además de otros eventos extremos registrados este año.

Y Colombia tampoco escapa a esta realidad. Tan solo en el céntrico departamento del Tolima, en estos momentos existen diez conflagraciones activas que afectan cerca de 31.000 hectáreas de tierra.

Cabe preguntarse: ¿qué está sucediendo? ¿Estamos simplemente ante la Tierra haciendo lo que siempre ha hecho o estamos contemplando algo que la Biblia había anunciado?

La ciencia explica el fenómeno; la Biblia nos lleva a mirar más profundo

Es verdad que los terremotos tienen causas geológicas. Las inundaciones pueden producirse por lluvias extremas, desbordamientos, movimientos de tierra o colapsos de hielo. Los incendios forestales pueden comenzar por rayos, altas temperaturas, sequedad extrema o, en muchos casos, por la acción humana.

La ciencia puede estudiar estos fenómenos, identificar sus causas y, en algunos casos, establecer relaciones entre el calentamiento global y el aumento de determinados riesgos.

Pero explicar cómo ocurre una tragedia no necesariamente responde a la pregunta de qué significa para nosotros.

Son muchas las personas que, cuando ocurre un desastre, afirman: “Dios está castigando a las personas”. Y también son muchos quienes rechazan este mensaje porque lo perciben como una forma de infundir miedo o manipular la fe.

Sin embargo, la Biblia no enseña que el cristiano deba demostrar que cada tragedia es un mensaje directo de Dios o un castigo particular sobre quienes la sufren.

Jesús fue mucho más profundo cuando habló de guerras, hambres y terremotos. Después de mencionar estas realidades, afirmó que serían “principio de dolores” (Mateo 24:8).

Nepal-Deslave-Frontera-China

Jesús no presentó las tragedias como una excusa para señalar culpables, sino como parte de una realidad que debía llevar al ser humano a estar despierto, preparado y atento.

Un mundo afectado por el pecado

Una manera sencilla de entender lo que está sucediendo actualmente en el mundo es mirar lo que la propia Biblia dice acerca de la condición humana.

El apóstol Juan afirma: “Sabemos que somos de Dios, y el mundo entero está bajo el maligno” (1 Juan 5:19).

Lo que dice el apóstol no significa que Dios haya perdido el control de su creación. Significa que vivimos en un mundo profundamente afectado por el pecado y por sus consecuencias.

La “enfermedad” de nuestro mundo no es solamente física. También se manifiesta, entre otras cosas, en la corrupción moral, la injusticia, la violencia, la explotación, la indiferencia y el egoísmo humano.

El problema no está únicamente en una naturaleza que se estremece, en un bosque que arde o en un río que se desborda. También está en el corazón humano que puede ser capaz de destruir, abusar, engañar y hacer sufrir a otro ser humano.

Por eso, frente a las tragedias de nuestro tiempo, la Biblia nos invita a mirar mucho más allá de los titulares.

El apóstol Pablo escribió que “toda la creación gime a una, y a una está con dolores de parto hasta ahora” (Romanos 8:22).

Tal vez el planeta no esté “hablando” literalmente. Pero lo que si estamos viendo nos recuerda que vivimos en una creación quebrantada.

Y quizá la pregunta más importante no sea solamente si Dios está hablando, sino si nosotros todavía estamos dispuestos a escuchar.

Vivimos en un mundo quebrantado, pero no estamos sin esperanza

Por más que algunos, en ejercicio de la libertad que el Creador les ha dado, nieguen la realidad que tienen delante de sus ojos, basta mirar a nuestro alrededor, Nepal, los incendios, los terremotos, las guerras y el sufrimiento humano para reconocer una verdad: vivimos en un mundo quebrantado.

Dios no abandonó a la humanidad

El mundo que conocemos está herido, pero no está destinado a permanecer así para siempre. La esperanza cristiana no consiste en creer que nunca volveremos a ver una tragedia, consiste en creer que la tragedia no tendrá la última palabra.

Créditos: @PRABIN RANABHAT

La Biblia no promete que los creyentes estarán siempre protegidos de terremotos, enfermedades, inundaciones, incendios o pérdidas. Lo que promete es algo mucho más grande: que el mal, el dolor y la muerte no tendrán la victoria definitiva.

La promesa de Dios es que llegará el día en que Él hará nuevas todas las cosas.

Y cuando finalmente llegue ese día prometido por Dios —porque “vendrá y no tardará”— ya no tendremos que preguntarnos dónde estaba Él.

La promesa bíblica es clara: Dios mismo estará con su pueblo y el sufrimiento habrá llegado a su fin.

Por eso, cuando volvamos a escuchar que la tierra tembló, que un bosque ardió o que una inundación arrasó una comunidad, quizás debamos hacer una pausa.

No solamente para preguntarnos:

“¿Será esta una señal?”

Sino también:

“¿Qué me está diciendo esto sobre el mundo, sobre mi propia vida, sobre mi prójimo y sobre el Dios en quien he decidido esperar?”

Noticias relacionadas