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Ted Sarandos, co-Ceo de Netflix
Familia· Eje Cafetero

Netflix, los niños y la batalla cultural que llegó al Senado de los Estados Unidos

Una audiencia sobre una millonaria fusión terminó poniendo sobre la mesa una pregunta que millones de padres se hacen: ¿hasta dónde puede llegar la industria del entretenimiento en la formación de nuestros hijos?

Roberto Sánchez8 de septiembre de 20268 min de lectura8 lecturasEsperanza Radio Eje Cafetero

Pocos recuerdan la fecha: 3 de febrero de 2026. Lo que estaba previsto como una audiencia sobre competencia económica terminó convirtiéndose también en un intenso debate cultural.

El pasado 3 de febrero de 2026, Ted Sarandos, co-CEO de Netflix, compareció ante un subcomité del Senado de Estados Unidos que analizaba la propuesta de adquisición de Warner Bros. Discovery por parte de Netflix. La operación, valorada en decenas de miles de millones de dólares, despertó preocupación entre legisladores por la concentración del mercado, el futuro de los empleos en Hollywood, los precios para los consumidores y el poder que una empresa podría llegar a acumular sobre la industria audiovisual.

Pero durante la audiencia ocurrió algo más.

El senador republicano por Misuri, Eric Schmitt, llevó la discusión hacia el contenido de Netflix y cuestionó directamente a Sarandos sobre lo que calificó como una orientación política progresista de la plataforma. Le preguntó por las posiciones de la compañía frente a asuntos como diversidad, equidad e inclusión.

Schmitt llegó a afirmar que Netflix había producido, en su opinión, “el contenido más woke de la historia del mundo” y cuestionó por qué el Congreso debería facilitar que una compañía con esa influencia cultural se convirtiera en un gigante todavía mayor.

Sarandos, por su parte, negó que Netflix tuviese una agenda política alguna, y es aquí donde aparece uno de los aspectos más llamativos de la interpelación.

¿Una respuesta o una explicación?

Una de las dificultades que deja el intercambio es que Sarandos, en distintos momentos, respondió desde la negación de una agenda política o “WOKE, pero no siempre enfrentó de manera directa el contenido concreto de las preguntas.

El ejecutivo sostuvo que Netflix ofrece contenidos para personas de diferentes posiciones y defendió la diversidad de historias que aparecen en la plataforma. También argumentó que los empleados son libres de expresar sus propias posiciones políticas y que Netflix no funciona como una organización política.

Sin embargo, cuando Schmitt puso sobre la mesa ejemplos específicos, la conversación adquirió otra dimensión.

Y aunque la discusión giró también en torno a aspectos políticos, no es precisamente ese el contexto que queremos destacar, sino el aspecto de la programación infantil y la presencia de contenidos relacionados con la identidad de género y la sexualización de los niños. Ante las preguntas directas de los senadores al co-CEO de Netflix, las respuestas no quedaron muy claras.

Rememoramos parte de la audiencia del Senado de los Estados Unidos por cortesía de @pconservadores, canal de YouTube que realizó la traducción al español mediante inteligencia artificial. Puedes ver el video completo desde: YouTube @pconservadores

El verdadero contraste

¿Es suficiente decir que no existe una agenda cuando el contenido que llega diariamente a millones de hogares transmite determinados valores, conceptos y formas de entender al ser humano? Y aquí el asunto ya no es solamente Netflix

Sería demasiado sencillo reducir la discusión a una pelea entre republicanos y demócratas, entre conservadores y progresistas, o entre quienes están a favor y quienes están en contra de Netflix.

El verdadero debate debería estar en otro lugar:

¿Quién está educando culturalmente a nuestros hijos?

Los padres siguen siendo los primeros responsables de la formación de sus hijos. Pero la realidad es que los niños y adolescentes reciben diariamente miles de mensajes provenientes de las plataformas digitales, redes sociales, películas, series y videojuegos.

Por eso, la preocupación de muchos padres no se limita a una determinada plataforma. La inquietud es más profunda: que la industria del entretenimiento termine presentando como normal aquello que las familias consideran contrario a sus convicciones, especialmente cuando el contenido está dirigido a los niños.

La pregunta no es si los niños deben conocer que existen diferentes formas de pensar. La pregunta es quién tiene el derecho de introducir determinados conceptos en su mundo, a qué edad y con qué propósito.

Y esa discusión merece mucho más que una etiqueta como “woke”, “conservador” o “liberal”.

Cuando el entretenimiento comienza a formar conciencia

Es verdad que el entretenimiento nunca ha sido completamente neutral.

Una película puede enseñar valentía. Una serie puede presentar la familia como algo valioso. Una historia puede enseñar sacrificio, responsabilidad y respeto. Pero también puede transmitir exactamente lo contrario.

Puede presentar la sexualidad sin límites, relativizar la autoridad de los padres, convertir la transgresión en virtud, presentar toda norma moral como una imposición o hacer que determinados valores parezcan antiguos simplemente porque pertenecen a otra generación.

Por eso, la discusión del Senado debería servir como una llamada de atención para los padres.

No se trata necesariamente de prohibirlo todo. Se trata de volver a mirar qué están viendo nuestros hijos; se trata de conversar con ellos, de enseñarles a pensar y no simplemente a consumir.

Y, sobre todo, se trata de que los padres no deleguen completamente la formación moral de sus hijos en una pantalla.

Un dato muy fuerte: 74% de los padres está preocupados

De hecho estudios serios como el informe Children's Media Literacy Report 2025, de Ofcom, son especialmente útil .

Entre los padres de niños y adolescentes de 3 a 17 años que utilizan internet:

  • 76 % manifestó preocupación por que sus hijos vean contenidos que no son apropiados para su edad.

  • 74 % expresó preocupación específicamente por que sus hijos estén expuestos a contenido adulto o sexual.

  • 72 % teme que los niños no puedan distinguir adecuadamente entre lo real y lo falso en internet.

Esto es importante porque no estamos hablando solamente de una opinión aislada: es investigación de un organismo regulador británico, con una muestra amplia de familias y representa una idea más clara ante la penetración que tienes estas grandes plataformas de contenidos.

La orientación espiritual:

Una de las escritoras estadounidense más prolíficas del siglo XIX decía en su obra "La conducción del Niño" lo siguiente:

“La educación comienza con el niño en los brazos de su madre. Mientras la madre moldea y forma el carácter de sus hijos, los está educando.”
Conducción del niño, p. 26.

Y agrega:

“Sobre los padres, tanto como sobre las madres, descansa la responsabilidad de la educación temprana y posterior del niño, y para ambos padres la necesidad de una preparación cuidadosa y completa es muy urgente.”
Conducción del niño, p. 63

Para quienes creemos en la Biblia, el debate tiene una dimensión todavía más profunda.

Jesús colocó al ser humano delante de Dios. Cuando le preguntaron cuál era el mayor mandamiento, Jesús respondió:

“Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente.” Y añadió: “Amarás a tu prójimo como a ti mismo.” (Mateo 22:37-39).

El cristianismo no enseña a odiar a quien piensa diferente. Tampoco autoriza a humillar, excluir o despreciar a una persona; pero tampoco enseña que debamos aceptar sin discernimiento todo aquello que la cultura presenta como correcto.

La Biblia llama al creyente a examinarlo todo y retener lo bueno (1 Tesalonicenses 5:21), y advierte sobre la necesidad de no conformarse con los patrones de este mundo:

“No os conforméis a este siglo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento.”

— Romanos 12:2.

El mensaje de Jesús habla de amor, pero también de verdad; habla de misericordia, pero también de responsabilidad.

Es decir, recibe al pecador, pero no convierte el pecado en virtud. Defiende la dignidad humana, pero no elimina la existencia de una verdad moral.

Y, sobre todo, Jesús colocó a los niños en un lugar de especial cuidado. Cuando sus discípulos intentaron impedir que los pequeños se acercaran a Él, Jesús dijo:

“Dejad a los niños venir a mí, y no se lo impidáis.” (Mateo 19:14).

¿Quién está formando a nuestros hijos?

Quizás esa sea la pregunta que debería llamarnos la atención después de aquella audiencia del Senado estadounidense.

No solamente:

¿Debe Netflix comprar Warner Bros.? Cosa que finalmente no ocurrió.

Sino:

¿Qué valores están entrando en nuestros hogares a través de las pantallas?

Y una pregunta todavía más incómoda:

¿Estamos dejando que otros formen la conciencia de nuestros hijos mientras nosotros permanecemos en silencio?

La responsabilidad no puede recaer únicamente en Netflix, Disney, YouTube, las redes sociales o cualquier otra plataforma. También corresponde a los padres.

Porque una pantalla puede entretener a un niño durante horas, pero no puede sustituir la presencia, el diálogo, los límites y la formación moral de una familia que respeta los principios bíblicos.

La discusión que se dio en el Senado estadounidense  hace siete meses puede terminar siendo mucho más importante de lo que parecía.

Porque detrás de una fusión empresarial, detrás de una plataforma de entretenimiento y detrás de una discusión sobre la llamada “agenda woke”, existe una batalla mucho más profunda:

la batalla por los valores con los que crecerá la próxima generación.

Y esa batalla no se gana apagando simplemente una pantalla, se gana formando una conciencia capaz de distinguir entre lo que el mundo dice que es verdad y aquello que Dios ha declarado como verdad.

El monstruo:

En cuanto a Netflix, actualmente tiene más de 325 millones de membresías pagadas y llega a más de 190 países. Eso significa que las decisiones sobre qué historias contar, qué personajes presentar, qué conductas normalizar y qué valores poner delante de las audiencias tienen una dimensión cultural verdaderamente global.

No significa que los 325 millones de suscriptores sean 325 millones de personas —una membresía puede corresponder a un hogar con varios espectadores—. De hecho, Netflix calcula algunas de sus métricas publicitarias considerando el número estimado de personas dentro de los hogares.

Igualmente Netflix ya no se limita a películas y series, está entrando cada vez más en eventos en vivo, deportes, publicidad y programación infantil, mientras continúa expandiendo sus producciones locales alrededor del mundo.

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