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¿Somos una sociedad violenta? Las cifras, un psicólogo y la Biblia buscan la respuesta

Las cifras de Bogotá y otras ciudades revelan la magnitud de los conflictos cotidianos entre ciudadanos. Expertos apuntan al miedo, la desigualdad, la violencia aprendida y la falta de educación en el respeto como algunas de sus causas. La Biblia, por su parte, propone una ruta diferente: aprender a responder al conflicto sin alimentar la confrontación.

Roberto Sánchez11 de septiembre de 20266 min de lectura6 lecturasEsperanza Radio Eje Cafetero

Entre enero de 2022 y mayo de 2026, la Línea 123 de Bogotá recibió 10.415.058 llamadas. De ellas, 1.957.736 correspondieron a riñas, 1.481.735 a ruido excesivo, 1.044.984 a accidentes de tránsito y más de 555.000 a casos de maltrato.

Las cifras revelan algo más que el número de emergencias atendidas: una parte significativa de los llamados está relacionada con problemas de convivencia cotidiana. Riñas, ruido, maltrato y desacuerdos entre ciudadanos forman parte de una realidad que, en muchos casos, termina requiriendo la intervención de las autoridades.

Pero el fenómeno no es exclusivamente bogotano.

Una encuesta realizada para el Ministerio del Interior, Cifras y Conceptos y la Universidad Industrial de Santander, que procesó 51.139 datos, encontró que el 70 % de los encuestados manifestó haber tenido problemas con sus vecinos. Dentro de estos conflictos, el ruido y las riñas representaron el 44 %, mientras que situaciones relacionadas con drogas, basuras y mascotas alcanzaron otro 40 %.

El DANE aporta otro dato revelador. Durante el período 2022-2023, el porcentaje de personas que reportaron haber tenido algún problema, desacuerdo, conflicto o disputa alcanzó el 34,7 % en Bogotá, el 42,4 % en Manizales y el 37,1 % en Pereira.

Más allá del conflicto

El problema no parece ser simplemente que, como sociedad, tengamos conflictos. Todas las sociedades los tienen. El verdadero desafío parece estar en nuestra dificultad para resolver los desacuerdos sin convertirlos en confrontaciones.

Para Diomer Venegas, psicólogo y docente de la Fundación Universitaria Católica del Norte, en Medellín, las cifras que se observan en Colombia son preocupantes si se comparan con algunas referencias internacionales. El profesional señala que en países europeos como Suecia, Suiza, Finlandia, Dinamarca o Países Bajos los niveles de conflicto entre ciudadanos son considerablemente menores.

Venegas no descarta que exista una relación histórica entre la violencia y los mecanismos de supervivencia desarrollados por el ser humano a lo largo del tiempo, especialmente en aspectos como la conservación de la vida, las formas de subsistencia y la defensa de los territorios.

Sin embargo, para el especialista, existe un elemento fundamental detrás de muchas respuestas agresivas: el miedo.

Ante el miedo, explica, existen básicamente dos posibilidades: apartarse o reaccionar. A su juicio, esta última respuesta hace parte de lo que ocurre con frecuencia en la población colombiana: ante una situación que genera temor, amenaza o inseguridad, la reacción puede convertirse rápidamente en una respuesta agresiva.

Psicólogo Diomer Venegas

Una cultura que aprendió a responder con violencia

Para Venegas, tampoco se puede desconocer el peso de factores sociales como la desigualdad, la pobreza y el conflicto armado, una realidad que ha acompañado al país durante más de seis décadas.

Nuestra cultura es violenta y se ha aprendido a resolver las cosas de manera violenta y agresiva”, señala.

A esto se suma otro elemento fundamental: la educación.

El especialista hace énfasis en que, aunque las personas no compartamos las mismas ideas, opiniones o formas de entender la vida, existe una condición indispensable para convivir: aprender a respetar las diferencias.

Y en ese proceso, la familia tiene un papel determinante.

El respeto no es algo innato en nosotros. El respeto nos lo deben enseñar en la casa, porque en la casa es donde se educa y en la escuela se instruye”, afirma Venegas.

La afirmación pone sobre la mesa una pregunta que va más allá de las estadísticas: ¿estamos enseñando a nuestros hijos a resolver los desacuerdos o simplemente a ganar las discusiones?

Machismo, autoridad y violencia

Culturalmente, Colombia continúa siendo una sociedad marcada por estructuras jerárquicas y por expresiones de machismo que, en determinados contextos, también pueden terminar relacionadas con comportamientos violentos.

Yo no sé de dónde sale la idea de que ser el proveedor conlleva necesariamente a la violencia”, cuestiona Venegas.

Frente a esta realidad, el especialista vuelve a uno de los grandes valores para la convivencia: el respeto.

Cuando yo respeto al otro, me evito problemas, sufro menos y estoy tranquilo”, afirma.

Puede parecer una recomendación sencilla, pero detrás de ella existe una poderosa herramienta para la convivencia: reconocer que la dignidad del otro no depende de que piense como nosotros.

Una respuesta desde la Biblia

Los números pueden ser duros y fríos. Sin embargo, por difícil que parezca el desafío de transformar una sociedad acostumbrada a responder con confrontación, el consejo de Dios ofrece una ruta clara.

La Biblia dedica abundante espacio a explicar el origen de los conflictos y a proponer una manera diferente de enfrentarlos.

El apóstol Santiago plantea una pregunta directa:

“¿De dónde vienen las guerras y los pleitos entre vosotros? ¿No es de vuestras pasiones, las cuales combaten en vuestros miembros?”
Santiago 4:1

El apóstol Pablo, por su parte, recomienda:

“Si es posible, en cuanto dependa de vosotros, estad en paz con todos los hombres.”
Romanos 12:18

Y agrega:

“No paguéis a nadie mal por mal; procurad lo bueno delante de todos los hombres.”
Romanos 12:17

Pero una de las recomendaciones más contundentes aparece en el libro de Proverbios:

“Honra es del hombre dejar la contienda; mas todo insensato se envolverá en ella.”
Proverbios 20:3

El mismo libro ofrece una fórmula que, aunque sencilla, puede cambiar radicalmente el rumbo de una discusión:

“La blanda respuesta quita la ira; mas la palabra áspera hace subir el furor.”
Proverbios 15:1

Ante la violencia y la intolerancia que todavía hacen parte de la realidad de muchas sociedades, también vale la pena recordar la conocida regla de oro enseñada por Jesús:

“Y como queréis que hagan los hombres con vosotros, así también haced vosotros con ellos.”
Lucas 6:31

También existe otra Colombia

Más allá de la violencia, la intolerancia y los conflictos que reflejan las estadísticas, existe otro aspecto de la sociedad colombiana que merece ser destacado.

El propio Diomer Venegas señala que Colombia es uno de los países más solidarios del mundo. Una sociedad que, frente a las dificultades, suele movilizarse para ayudar al otro.

Ese contraste resulta significativo. El mismo país donde una discusión puede terminar en una riña también es capaz de movilizarse masivamente cuando alguien necesita ayuda.

Tal vez el desafío esté en aprender a llevar esa solidaridad de las grandes tragedias a las pequeñas situaciones de todos los días.

La convivencia no siempre comienza con grandes discursos. Puede empezar por cosas mucho más sencillas: pedir el favor, dar las gracias, saludar, escuchar antes de responder, respetar al que piensa diferente y evitar alimentar aquellas discusiones que solo buscan demostrar quién tiene la razón.

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