
140 años de Signs of the Times: una historia de comunicación, misión y esperanza
Lo que comenzó en Melbourne en 1886 con una revista de 16 páginas y 8.000 ejemplares terminó convirtiéndose en una de las expresiones más persistentes de la comunicación adventista. La historia de Signs of the Times también permite mirar el aporte australiano al desarrollo del adventismo en educación, salud, publicaciones y misión.
Hace 140 años, cuando el adventismo apenas comenzaba a establecerse en Australia, un pequeño grupo de creyentes decidió que el mensaje no podía quedarse dentro de las paredes de una iglesia. Había que salir a buscar lectores.
En enero de 1886 apareció en Melbourne el primer número de Bible Echo and Signs of the Times, apenas siete meses después de la llegada de los primeros misioneros adventistas a Australia. Tenía 16 páginas y una tirada inicial de 8.000 ejemplares.
La escena de aquellos primeros días difícilmente podría parecerse a una moderna sala de redacción.
La composición tipográfica de aquella primera edición se realizó en el dormitorio de uno de los trabajadores, en North Fitzroy. Después, el material fue llevado a una imprenta cercana para ser reproducido. Así comenzó una publicación que, con cambios de nombre, formato, periodicidad y tecnología, ha continuado circulando durante 140 años.
En 1905 adoptó definitivamente el nombre Signs of the Times.

Pero más importante que el cambio de nombre fue la permanencia de su propósito: hablar de la fe cristiana con personas que estaban fuera de la iglesia.
Ese principio ayuda a entender por qué su historia tiene importancia más allá de una publicación adventista.
Una revista que nació para cruzar las puertas de la iglesia
Desde sus primeros números, Signs fue concebida como una publicación dirigida no solamente a los miembros de la iglesia, sino también al público general. Su propuesta combinaba Biblia, acontecimientos de actualidad, profecía y asuntos relacionados con la vida cotidiana.
Con el paso del tiempo, la publicación amplió su tratamiento de temas relacionados con salud, estilo de vida, familia y relaciones, manteniendo su perspectiva cristiana.
Ese modelo terminó siendo particularmente significativo para el adventismo: comunicar la fe no solamente mediante sermones, sino también a través de contenidos capaces de entrar en la conversación cotidiana de las personas.
En ese sentido, Signs of the Times anticipó algo que hoy parece evidente en los medios: para alcanzar a una sociedad hay que aprender a hablar de los asuntos que preocupan a esa sociedad.
Australia: mucho más que el lugar donde nació una revista
La historia de Signs coincide con un período decisivo para el desarrollo del adventismo en Australia y el Pacífico.
Los primeros misioneros adventistas llegaron a Australia en junio de 1885. Entre ellos había predicadores, un impresor y un vendedor de libros. La publicación apareció pocos meses después.
La decisión de invertir tan pronto en publicaciones revela una convicción que terminaría marcando profundamente a la iglesia en esa región: la misión necesitaba comunicación, educación y formación de personas.
Y allí Australia comenzó a desempeñar un papel mucho mayor.

Todo comenzó con una publicación.
En 1892 comenzó en Melbourne el antecedente de lo que posteriormente sería Avondale. Cinco años después, en 1897, la institución fue trasladada a Cooranbong, Nueva Gales del Sur, donde abrió como Avondale School for Christian Workers. Su propósito inicial era preparar jóvenes para servir en el trabajo adventista de Australia, Nueva Zelanda y el Pacífico Sur.
Con el tiempo, aquella pequeña escuela se transformó en Avondale University, una institución de educación superior que hoy ofrece programas en áreas como enfermería, educación, negocios, ministerio, teología, artes, consejería y medicina del estilo de vida.
La transformación es significativa.
La institución que comenzó preparando trabajadores para una iglesia joven terminó formando profesionales para distintos sectores de la sociedad.
Eso también forma parte del legado australiano del adventismo: la educación como una herramienta de misión y de servicio, no solamente como transmisión de conocimientos religiosos.
La salud como parte del mensaje
La misma visión se desarrolló en el campo de la salud.
En el entorno de Avondale, por ejemplo, el Avondale Health Retreat fue construido en 1899 para ofrecer atención médica a la comunidad y servir también como espacio de formación práctica para estudiantes de enfermería.
Así fue tomando forma una característica que terminaría identificando al adventismo en distintas partes del mundo: la idea de que predicar el evangelio también implica cuidar la vida, prevenir la enfermedad, educar en hábitos saludables y atender las necesidades concretas de las personas.
El efecto multiplicador
Quizá uno de los mayores aportes de aquella experiencia australiana fue precisamente su capacidad de multiplicarse.
Avondale fue concebida desde sus comienzos para preparar personas para servir en Australia, Nueva Zelanda y el Pacífico Sur. Con el tiempo, sus egresados ampliaron ese campo de acción.
La educación adventista también creció de manera considerable. Actualmente existen decenas de instituciones educativas adventistas en Australia y miles de estudiantes forman parte de ese sistema. En el norte de Nueva Gales del Sur, por ejemplo, la educación adventista cuenta hoy con diez escuelas y dos centros preescolares.
La historia muestra entonces un patrón: una publicación formó lectores; una escuela formó trabajadores; la educación formó profesionales; la salud abrió espacios de servicio; y la misión llevó ese modelo hacia otras comunidades.
140 años después, el medio cambió; la pregunta sigue vigente
Signs of the Times no permaneció congelada en 1886.
Cambió de frecuencia, formato y diseño. Pasó por diferentes etapas editoriales y tecnológicas, hasta llegar al ecosistema digital contemporáneo. Pero su propósito fundamental ha permanecido: utilizar la comunicación para compartir esperanza y presentar el mensaje cristiano a un público más amplio.
Eso explica el sentido de la celebración realizada el pasado 24 de octubre en Avondale University Church.
Bajo el lema “140 Years of Hope”, antiguos y actuales colaboradores se reunieron para recordar la trayectoria de la publicación y pensar en su futuro como recurso evangelístico.
El aniversario, por tanto, no habla únicamente de una revista que consiguió sobrevivir 140 años.
Habla de una iglesia que entendió muy temprano que la misión también necesitaba contar historias, formar personas, educar, cuidar y comunicarse con quienes no estaban dentro de sus templos.
Las dos "Sings of the Times"
Aunque llevan el mismo nombre y comparten una tradición editorial adventista, la Signs of the Times de Estados Unidos y la de Australia son publicaciones diferentes. La estadounidense nació en Oakland, California, en 1874, por iniciativa de James White, y tuvo entre sus colaboradores más destacados a Elena G. de White, quien publicó allí numerosos artículos durante décadas. La publicación continúa actualmente y es publicada originalmente por la casa editora Pacific Press Publishing Association con sede actual en Nampa, Idaho y tiene más de 150 años de historia.
La edición australiana nació 12 años después, en enero de 1886, en Melbourne, con el nombre The Bible Echo and Signs of the Times. Posteriormente pasó a llamarse Australasian Signs of the Times y, desde 1905, adoptó definitivamente el nombre Signs of the Times. Elena G. de White también publicó en esta edición durante los años que vivió en Australia.
Por eso, cuando en 2026 se habla de los 140 años de Signs of the Times, la celebración corresponde específicamente a la publicación australiana, cuya historia comenzó en 1886. Son dos revistas distintas, nacidas en dos continentes, pero unidas por una misma tradición adventista de utilizar la comunicación como instrumento de evangelización.
Una historia que también interpela al adventismo actual
Hay una pregunta inevitable cuando se mira esta historia desde 2026.
En 1886, un grupo pequeño tenía pocos recursos tecnológicos. No tenía internet, redes sociales, plataformas de video ni inteligencia artificial. Tenía una imprenta, papel y la convicción de que valía la pena salir a buscar al lector.
Hoy el escenario es completamente distinto.
La audiencia está en el teléfono. Las personas reciben cientos de mensajes cada día. La información religiosa compite con entretenimiento, desinformación, polarización y contenidos producidos por miles de creadores.
Pero la pregunta fundamental no ha cambiado:
¿Cómo comunicar esperanza de una manera que las personas quieran escuchar?
Esa quizá sea la verdadera enseñanza de Signs of the Times después de 140 años.
No que una revista haya logrado mantenerse viva.
Sino que una misión puede sobrevivir a los cambios tecnológicos cuando conserva claro para quién comunica, por qué comunica y qué esperanza quiere entregar.
Australia fue uno de los primeros grandes escenarios donde el adventismo puso esa convicción a prueba.
Y 140 años después, Signs of the Times sigue ahí para recordarlo.
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