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Concilio Anual 2026. Más de 400 líderes Mundiales reunidos en Silver Spring, Maryland, Estados Unidos
Institucional· Eje Cafetero

24,7 millones de adventistas y una pregunta pendiente: ¿a quiénes todavía no hemos llegado? Lo que deja hasta ahora en Concilio Anual

El Concilio Anual de la Iglesia Adventista del Séptimo Día, que se desarrolla esta semana en Silver Spring, Maryland, está poniendo sobre la mesa algo más profundo que informes y decisiones administrativas: cómo utilizar mejor los recursos, la tecnología, los medios y la capacidad misionera de una iglesia que ya reúne cerca de 24,7 millones de miembros alrededor del mundo.

Roberto Sánchez12 de octubre de 20265 min de lectura5 lecturasEsperanza Radio Eje Cafetero

La cifra impresiona: cerca de 24,7 millones de personas forman parte actualmente de la Iglesia Adventista del Séptimo Día en el mundo.

Pero en el Concilio Anual de la Asociación General, que reúne esta semana a dirigentes de la Iglesia mundial en Silver Spring, Maryland, la pregunta más importante no parece ser cuántos miembros tiene la Iglesia.

La pregunta es otra:

¿Cuántas personas todavía no han escuchado el mensaje que la Iglesia considera su razón de existir?

Ese interrogante está atravesando las primeras jornadas del encuentro, cuyo lema es “Llamados a la misión”.

Y puede explicar buena parte de lo que está ocurriendo allí.

Es importante destaca algo que es recurrente en la Iglesia Adventista del Séptimo Día: su costumbre de reunirse periódicamente para informar, evaluar y tomar decisiones de manera corporativa. Desde los espacios locales hasta sus instancias mundiales, la organización procura que los asuntos que afectan a la misión sean conocidos, discutidos y decididos colectivamente. El Concilio Anual es una de las expresiones más visibles de esa estructura: líderes provenientes de distintas regiones del mundo se sientan alrededor de la misma mesa no solo para recibir informes, sino para preguntarse hacia dónde debe avanzar la Iglesia y cómo cumplir mejor su misión.

Richard E. McEdward, secretario de la Conferencia General. Foto: Tor Tjeransen/AME (CC BY 4.0

Lo que deja la reunión hasta ahora:

El secretario de la Asociación General, Rick McEdward, fue directo al presentar el informe de Secretaría: ¿seguimos tomando en serio la misión mundial? ¿Cuándo estará completa nuestra misión?

Las preguntas no fueron retóricas.

La respuesta presentada durante el Concilio se llama Mission Refocus, una iniciativa que busca llevar personas, recursos y estrategias hacia lugares donde la presencia adventista sigue siendo limitada o prácticamente inexistente.

Uno de los planes contempla destinar 5,4 millones de dólares para trabajar en 110 ciudades aún no alcanzadas, además de recursos para desarrollar ministerios digitales en regiones de la Ventana 10/40 y en sociedades seculares y poscristianas.

Es decir: la Iglesia está mirando hacia lugares donde todavía no está.

Pero también está mirando hacia nuevas maneras de llegar.

El teléfono también puede convertirse en territorio misionero

Durante el Concilio y sus actividades paralelas, la comunicación digital ha adquirido un protagonismo especial.

La iniciativa OneVoice27 busca movilizar a la Iglesia mundial durante 2027 para compartir el mensaje de Jesús utilizando también las herramientas digitales y las redes sociales.

La lógica es sencilla, pero profunda: si millones de personas pasan buena parte de su vida mirando una pantalla, la misión también tiene que aprender a encontrarlas allí.

Por eso la Asociación General ha comenzado a hablar de los medios no solamente como instrumentos para contar lo que hace la Iglesia, sino como herramientas capaces de participar directamente en su misión.

Para una generación que consume información, construye relaciones y busca respuestas principalmente desde un teléfono, este cambio no es menor.

Pero hay otra pregunta: ¿Qué pasa con quienes ya están dentro?

Las cifras de crecimiento tampoco parecen ser suficientes para medir la salud de la Iglesia.

Un informe presentado durante el Concilio señala que desde 1965 alrededor de 21 millones de personas han salido de la Iglesia Adventista, frente a unos 48,4 millones registrados históricamente. Es decir, aproximadamente cuatro de cada diez personas que alguna vez estuvieron registradas como miembros ya no permanecen.

La Iglesia crece, sí, pero también pierde miembros.

Por eso la misión no parece estar siendo entendida únicamente como llevar el evangelio a quienes están afuera. También implica acompañar, discipular, formar y mantener conectadas a las personas que ya hacen parte de la comunidad de fe.

Y aquí aparece uno de los grandes desafíos para las nuevas generaciones.

Si los jóvenes representan cerca del 37 % de la feligresía adventista, la pregunta por su permanencia, participación y propósito adquiere una dimensión todavía mayor.

Servir también es misión

El informe de ADRA presentó otra cara de esta misma historia.

Durante 2025, la agencia humanitaria adventista atendió aproximadamente 8,6 millones de personas y movilizó cerca de 328 millones de dólares en programas de ayuda y desarrollo.

Después de un período marcado por dificultades financieras y reducción de recursos, ADRA también está recuperando capacidad para responder a emergencias y necesidades humanitarias.

Pero el mensaje presentado durante el Concilio va más allá de las cifras.

Ayudar a una persona también puede ser una manera de hablarle de esperanza.

Por eso ADRA prepara para OneVoice27 iniciativas relacionadas con el servicio, la compasión y la movilización de las iglesias hacia sus comunidades.

Una Iglesia que parece estar haciéndose una pregunta incómoda

Quizás esa sea la fotografía más interesante que deja hasta ahora el Concilio Anual.

Una Iglesia de casi 24,7 millones de miembros, con presencia en prácticamente todo el planeta, está revisando sus recursos, sus prioridades, sus métodos de evangelización, su presencia digital, su trabajo humanitario y sus estrategias para alcanzar nuevas generaciones.

No porque la misión haya cambiado.

Sino porque el mundo sí ha cambiado.

Las ciudades crecieron. Las sociedades se hicieron más diversas. Millones de personas dejaron de acercarse a los templos. Las nuevas generaciones comenzaron a relacionarse de otra manera con la religión. Y el teléfono se convirtió en uno de los principales espacios donde las personas buscan respuestas, construyen relaciones y forman sus opiniones.

El desafío, entonces, no parece ser simplemente hacer más actividades.

Es preguntarse si estamos haciendo lo correcto para este tiempo.

El presidente de la Asociación General, Erton Köhler, resumió parte de ese llamado al preguntar a los dirigentes si estaban dispuestos a avanzar juntos y a colocar la misión por encima de las estructuras.

La pregunta final quedó resonando:

“¿Estás dentro?”

El Concilio Anual todavía no termina. Quedan decisiones, informes y conversaciones por delante.

Pero hasta ahora parece estar dejando algo más importante que una lista de acuerdos:

el recordatorio de que una Iglesia puede tener millones de miembros, miles de templos, grandes instituciones y sofisticadas herramientas de comunicación… y aun así tener que preguntarse cada día si está llegando a quienes todavía esperan escuchar una palabra de esperanza.

Porque al final, quizás la verdadera medida de una Iglesia no sea solamente cuántos somos. Sino cuántos todavía estamos buscando.

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