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Un grupo de trabajadores de Pakistán
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Cuando una deuda se convierte en esclavitud y como algunos son liberados en Pakistán. (+Video)

En Pakistán, miles de familias continúan atrapadas en sistemas de trabajo en servidumbre por deudas. Pero algunas organizaciones están pagando esas deudas para devolverles algo que ninguna persona debería perder: su libertad.

Roberto Sánchez23 de septiembre de 20267 min de lectura4 lecturasEsperanza Radio Eje Cafetero

Para una familia en situación de pobreza, pedir dinero prestado puede ser la única salida ante una enfermedad, la falta de alimentos o una emergencia.

Pero en algunas regiones de Pakistán, ese préstamo puede convertirse en una trampa.

A esta práctica se le conoce como trabajo en servidumbre por deudas: una persona recibe un anticipo y se compromete a trabajar para pagarlo. El problema aparece cuando los ingresos son insuficientes, la deuda aumenta y el trabajador pierde, en la práctica, la posibilidad de abandonar ese empleo.

Y lo más preocupante es que la deuda puede terminar involucrando a toda la familia, incluso durante generaciones. El Departamento de Estado de Estados Unidos señala que este es el principal problema de trata de personas en Pakistán y recoge estimaciones de expertos que hablan de alrededor de 4,5 millones de trabajadores atrapados en esta situación. Las principales zonas afectadas son Sindh y Punjab.

Los hornos donde la deuda se convierte en cadena

Uno de los escenarios más documentados son los hornos de ladrillos.

En agosto de 2025, la Comisión Nacional de Derechos Humanos de Pakistán presentó una investigación realizada en Faisalabad y Kasur. El estudio entrevistó a 200 trabajadores y a 30 víctimas y encontró un panorama marcado por endeudamiento, explotación y violencia.

Según la investigación, el 97 % de los trabajadores consultados había ingresado al horno después de solicitar un préstamo urgente, mientras que el 90 % no tenía contrato escrito. Más del 70 % de las familias vivía en una sola habitación.

La consecuencia puede ser devastadora: el padre trabaja, la madre trabaja y los hijos terminan incorporándose al mismo sistema para intentar pagar una deuda que parece no desaparecer.

Niño Pakistaní trabajaba en fabrica de ladrillos

Cuando la deuda alcanza a los hijos

Aquí está quizás la parte más dramática de esta historia. Un niño puede nacer en una familia endeudada y crecer trabajando junto a sus padres, en lugar de estar en la escuela.

El Departamento de Estado recoge estimaciones según las cuales los niños representan una proporción muy elevada de quienes se encuentran en servidumbre por deudas en determinados sectores, especialmente la agricultura y los hornos de ladrillos.

Así, la deuda deja de ser solamente económica. Se convierte en un ciclo: pobreza, préstamo, trabajo, nueva deuda y nuevamente pobreza.

La Organización Internacional del Trabajo ha documentado durante años la relación entre trabajo infantil, servidumbre por deudas y las dificultades para hacer cumplir las leyes laborales en el sector de los hornos de ladrillos.

Una práctica prohibida, pero que todavía existe

Pakistán prohibió legalmente el sistema de trabajo en servidumbre por deudas. Sin embargo, la existencia de una ley no ha significado la desaparición del problema.

De hecho, en septiembre de 2026, organizaciones y funcionarios en Punjab volvieron a reclamar una aplicación efectiva de la legislación, mientras el gobierno anunció medidas como contratos escritos, registro de trabajadores y programas para incorporar a los hijos de trabajadores de hornos a la escuela.

Cuando alguien paga la deuda y devuelve la libertad

Hay historias que muestran que esas cadenas puede romperse.

Recientemente la cuenta de BibliaTodoNoticias en Instagram @bibliatodonoticias publicó una de esas historias. Corresponde a una Pakistaní que gracias al pago de su deuda pudo recobrar su libertad y su familia.

En Pakistán existen organizaciones que han intervenido precisamente de esa manera. Algunas también son del extranjero y también se ha conocido de historias personales.

La HEAL Foundation Pakistan, con apoyo de Humanitarian Projects International de Australia, informó que entre 2023 y 2024 consiguió liberar a 10 familias de trabajadores de hornos de ladrillos, pagando completamente las deudas que tenían con los propietarios.

El proceso no terminó con el pago. Las familias recibieron durante tres meses apoyo para alimentación y vivienda, mientras buscaban otras fuentes de ingresos. Según la organización, algunas familias pudieron incluso enviar nuevamente a sus hijos a la escuela.

Otro caso es el de Barnabas Aid, que informó en 2023 haber liberado a otras 100 familias cristianas de la deuda y la servidumbre en hornos de ladrillos. La organización señaló entonces que, desde 2017, había ayudado a 1.575 familias a salir de esta situación.

La Comisión Nacional de Derechos Humanos de Pakistán también documentó el caso de un joven cuya deuda era 298.000 rupias (unos 3.400.000 pesos) fue cancelada mediante donaciones de la sociedad civil, permitiéndole salir de la servidumbre. Según su testimonio, había vivido en esa condición prácticamente desde su nacimiento y aunque no pareciera mucho es importante destacar que el salario mínimo oficial en Pakistan equivale a unas 36.000 rupias, unos 350.000 pesos mensuales. Sin dejar de lado que En Pakistán no existe una estadística oficial exacta que mida el porcentaje neto de la población que gana exactamente el salario mínimo, pero los datos macroeconómicos muestran una realidad alarmante: la gran mayoría de la población trabajadora gana esa cantidad o incluso menos y cerca del 72% del empleo no agrícola es informal por lo que en resumen, el salario mínimo 130USD actúa en la práctica más como un "techo" o una meta inalcanzable para la mayoría de los trabajadores pakistaníes, en lugar de ser una base garantizada.

La realidad es abrumadora, en en pleno siglo XXI, mientras el mundo habla de inteligencia artificial, avances médicos, exploración espacial y sociedades cada vez más conectadas, todavía existan personas cuya libertad puede quedar atrapada detrás de una deuda.

En Pakistán, más de 2.3 millones de personas viven bajo condiciones de esclavitud moderna según las mediciones del Global Slavery Index de Walk Free.

La galería fotos correspondo al fotografo jordano Muhammed Muheisen

La historia de estas familias en Pakistán nos recuerda que el progreso de una sociedad no puede medirse únicamente por su tecnología, su economía o sus grandes avances científicos. También debe medirse por la manera en que protege la dignidad, la libertad y los derechos de quienes tienen menos oportunidades.

La esclavitud que cruza fronteras y que no distingue

Y aquí aparece una pregunta que trasciende las fronteras de Pakistán.

¿Qué ocurre cuando la esclavitud no está escrita en un contrato, sino que se encuentra en el interior de una persona?

La Biblia utiliza precisamente el lenguaje de la esclavitud para hablar del pecado.

Jesús dijo:

“Todo aquel que hace pecado, esclavo es del pecado.”
Juan 8:34.

La comparación no significa que la servidumbre económica y la esclavitud del pecado sean idénticas. Son realidades diferentes. Pero existe una poderosa analogía: ambas describen una situación en la que algo termina dominando la vida de una persona y limita su libertad.

Una familia puede quedar atrapada porque no consigue pagar una deuda.

Y el ser humano puede quedar atrapado en hábitos, decisiones y conductas que sabe que le hacen daño, pero de las que no consigue liberarse por sus propias fuerzas.

Por eso, las palabras de Jesús adquieren un significado especial:

“Así que, si el Hijo os libertare, seréis verdaderamente libres.”
Juan 8:36.

En el caso de las familias pakistaníes, alguien puede pagar una deuda que ellas jamás habrían podido cancelar.

El mensaje de las Buenas Nuevas nos dice que Cristo aparece como quien paga el precio de la redención y ofrece libertad frente al pecado.

El apóstol Pablo expresa esa transformación diciendo que quienes estaban bajo la esclavitud del pecado pueden ser liberados para vivir una vida nueva.

Una libertad que necesita continuar

Pero hay una última lección. Pagar la deuda es apenas el comienzo.

Las organizaciones que trabajan con estas familias saben que, si después del rescate no existen educación, vivienda, empleo y oportunidades económicas, una persona puede volver a quedar vulnerable frente a la explotación.

La verdadera libertad necesita convertirse en una nueva oportunidad para vivir  en Pakistán y en ese sentido no solo hay que cuestionar dichas prácticas de esclavitud modernas también hay que entender que:

“En Cristo hay una nueva oportunidad de vida y los seres humanos necesitan descubrir que Cristo ya pagó el precio de su redención, es decir, de su libertad”

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